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Amén.
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Santísimo Dios, a quien obedecemos al honrar a nuestros padres, mira misericordiosamente, te ruego, a quienes en tu providencia debo la vida. Que diariamente crezcan en Fe, esperanza y caridad. Planta hondo en sus corazones la convicción de que así como Tú eres el principio de todas las cosas, a tí deben regresar. Perdona sus debilidades y la excesiva indulgencia que hayan tenido conmigo, y no le s imputes a ellos mis limitaciones, mis cobardías, mi débil voluntad. Concédeles salud y prosperidad mientras dure su vida, y la abundancia de tu gracia. Defiéndelos y presérvalos con tu mano poderosa. que mi vida cristiana llene sus esperanzas más hondas, y los llene de consuelo en sus últimos años. Que cuando llegue su momento, dales la muerte de los justos, Dales su hogar celestial, y que yo los encuentre allí su hijo por toda la eternidad. Amén. |
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Te glorifico, Padre celestial, Dios creador, porque hiciste en mí grandes cosas y va a nacer de mí un hijo, fruto de un amor que bendijiste. Jesús, Hijo de Dios, que me permitiste adorarte pequeñito en el pesebre, Te ofrezco a mi hijito, tu hermano. Enriquécelo con los bellos dones de la naturaleza y de la gracia. ¡Que en la tierra sea él nuestra alegría, y en la eternidad, tu gloria! Espíritu Santo, cúbreme con tu sombra durante estos benditos meses de espera, a fin de que nada malo pueda pasarle a mi hijito y que su alma esté preparada para convertirse en tu santuario por el bautismo. Y tú, María, Reina de las madres, asísteme, te lo pido, a la hora del nacimiento de mi hijo. Acepto, desde ahora, todos los sufrimientos que vengan y te pido que los ofrezcas a Dios por mi hijo.
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Señor Jesús: Tú que santificaste en Nazaret la vida de familia y que en María y José nos dejaste un ejemplo eximio de amor desinteresado hacia los hijos, te pedimos que llenes nuestro hogar con tu gracia y tu bendición. Ayúdanos a educar cristianamente a nuestros hijos y a amarnos el uno al otro con un amor sacrificado, tierno y puro. Concédenos el don de formar una familia verdaderamente cristiana que sea como una pequeña Iglesia doméstica. Te pedimos por nuestros hijos: que crezcan sanos de cuerpo y alma, que aprendan a amarre con sencillez y que nunca se separen de Ti. Tuyos son pues Tú nos los has dado y si quieres llamar a tu servicio alguno de ellos, regalándole el don de la vocación, nosotros ofreceremos gustosos el sacrificio que imponga su lejanía física. Más aún, te rogamos que te dignes poner tu mirada en nuestro hogar, eligiendo a uno de nuestros hijos como el mayor don que podrías hacernos, ya que tenemos la certeza de que serví feliz contigo y hará un gran bien a la Iglesia con su vida entregada a Ti y a tu Reino. |
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